Aceptando el #retoblog planteado por mi querida amiga Sara Molina, cuyo tema es más que interesante por la complejidad que tiene el asunto, en particular y en especial ante lo dispuesto por el Código Deontológico de la Abogacía general de España.

En el caso de mi profesión  no existe una Código Deontológico unificado para todo el territorio, así que cada Colegio Profesional tiene el suyo, y en el mío nada impide colaborar con otro profesional, o con empresas, es más los Colegios Profesionales de Administradores de Fincas, no se cansan de firmar convenios constantes de colaboración con diferentes empresas que ofrecen a los administradores de fincas posibilidades de precios más económicos que ofrecer a nuestros administrados.

Está más que claro, que la realidad supera la ficción, y conozco muchísimos abogados que colaboran entre sí para poder sacar adelante su profesión.

En mi caso particular, no tengo ningún convenio o acuerdo con ninguna empresa ni con ningún profesional.

Ahora bien, desde hace muchos años, dado que pertenezco a aquella generación en la que en matemáticas nos enseñaban la Teoría de los Conjuntos, algo que a mí me fascinaba, vi la señal desde entonces y aplico esa teoría a casi todo. Las relaciones profesionales sean en unión o intersección, son cuanto menos que necesarias, pero es que además son reales.

En el caso de mi profesión, y en concreto de mi despacho, tenemos la satisfacción dadas las necesidades que genera la gestión de las fincas, de cooperar con muchos otros profesionales: abogados, procuradores, arquitectos, notarios, asesores fiscales y laborales,… A ellos debo recurrir, a algunos más que a otros con frecuencia para cubrir las necesidades de mis administrados, que acaban convirtiéndose en sus clientes, lo que conlleva a que tengamos clientes comunes. Esta cooperación en mi caso no está remunerada, y me explico, cierto es que yo les genero clientes a ellos, pero ellos lamentablemente, al menos no de momento, no me generan clientes a mí. Ahora, eso sí, los tengo a todos a mis pies, no hay cosa que no les pida que estén para mí siempre y ello me crea una seguridad extraordinaria, además de la satisfacción personal de orgullo y satisfacción como decía aquél.

cadenadefavores

Dicho esto, podría parecer una situación de desigualdad, no sería interesante o beneficioso, pero para mí sí lo es. Y lo es, desde el punto y hora que no todo debe ser dinero, que sin duda es importante, para mí es beneficioso por cuanto siempre que puedo elijo a aquel profesional que comparta conmigo el mismo objetivo que es el dar el mejor servicio a mi cliente, velando por los intereses de mi cliente, y lo cuide y lo mime como yo lo intento hacer. Encontrar profesionales de nivel humano y profesional elevado no es tan difícil.

Se produce una relación de simbiosis, en la que el profesional se ve remunerado por mi cliente, la comunidad, y yo satisfecha de haberle garantizado a mi comunidad lo mejor de lo mejor.

En mi humilde opinión sobre el resto de colaboraciones entre los profesionales, excluyendo la mía, no veo nada malo que un abogado especializado en penal le surja un caso civil, y acuda al compañero-amigo en quien más confía especializado en civil para garantizar el éxito del procedimiento de su cliente,…, no es más que velar por intereses de su cliente, y en esa colaboración, se da el caso de compartir honorarios ¿hay algo más bonito que compartir? ¿No es extraordinario compartir el éxito? … es que sabe mucho mejor.

Se pueden poner muchísimos ejemplos, ¿Qué me impide a mí colaborar con un administrador especializado en gestión de edificios o centros comerciales, dividirnos el servicio y compartir honorarios? … Pero si es que todos salimos ganando.

No cabe la menor duda de que la deontología ya nadie sabe lo que es, ni siquiera los propios colegios profesionales, que a veces no la pueden ni aplicar, pero la ética profesional todos sabemos lo que es y lo que significa, y que colaborar, cooperar o como queramos llamarlo, que al final es compartir, con profesionales éticos que redunda en beneficios del tipo que sea.

Al final, yo valoro más el Lex Artis que otra cosa.

Y algo que tengo más que clarísimo es lo inmensamente beneficioso que es compartir los diferentes puntos de vista que sobre una misma situación tienen los diferentes profesionales, a los que se deberían dirigir realmente los legisladores, debería existir una plataforma como esta como la que tenemos en Twitter y en redes sociales, donde jueces, abogados, procuradores, asesores, administradores compartimos y debatimos gustosamente para mejorar constantemente ,buscando la excelencia que redunde en nuestros clientes.

Todos los que me conocen saben que “padezco” pasión por #compartir. Y mis administrados están más que hartos de que siempre repita mi famosa frase de:

“Nos unen más cosas de las que nos separan”

Un fuerte abrazo a todos.

Y gracias a mi Princesa Sara Molina… por todo… no prescindiría de ella ni personal ni profesionalmente.

Maribel Orellana Gil

@AdmMaribel

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